Y fue así que poco a poco fui sanando esa herida que ayer tanto dolió. No sé exactamente cómo me levante victoriosa de aquella derrota. No fue fácil, lo admito, porque no sólo entregué mi corazón, entregué mis sueños, mis ilusiones, mi tiempo, lo mejor de mí y todo aquello murió de repente… sin previo aviso.